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Nada en Absoluto

byCal Y. Pygia©

¡"Pero no hice nada!" El penique protestó.

¡"Asuma la posición!" Matthew le pidió. "No le diré otra vez."

"El labio inferior del penique, sobresaliendo en un puchero irritable, tembló, y los rasgones inundaron sus amplios ojos azules. Ella tembló, tanto porque el aire del cuarto, en su carne desnuda, era frío como porque ella tuvo miedo. Sin embargo, ella sabía mejor que resistir. Cualquier desafío de las órdenes de Matthew haría que ella sufriera mucho peor que ella si ella simplemente aceptara su castigo, y, ella sabía de la experiencia anterior, ella sería castigada bastante con severidad como era. Matthew creyó firmemente en el proverbio que ahorrar la vara era estropearse debía estropear al niño - o, en su caso, la esposa. Ella y Matthew habían estado casados durante cinco años ahora. Sin embargo, ella había soportado su abuso, tanto verbal como físico, mucho más largo que esto, ya que él la había forzado - o, más exactamente, la había roto - años antes, cuando ellos habían estado pasando de moda y ella había sido tonta y naïve bastante para creer que ella lo había amado - y que él la había amado.

Ella quiso saber por qué ella iba a ser caned. ¿Qué ofensa había cometido ella? ¿O esto era un pecado de omisión para la cual ella debía ser castigada? ¿Había olvidado ella de realizar uno de los deberes innumerables él la adjudicó cada día? Ella trató de recordar si ella haya dejado alguna tarea deshecha, pero había tantas tareas que ella no podía estar segura; además, ella estaba demasiado preocupada para pensar directamente. Tal vez esto no había sido hasta una tarea que ella había olvidado. Tal vez era algo sexual. A menudo, su ofensa adecuada aquella categoría. ¿Se supuso que ella había chupado Matthew amartillan esta mañana? ¿Se supuso que ella había separado sus nalgas entonces él podría deslizar su pinchazo por su ano y joderla profundo y difícil en el asno? Matthew nunca tenía regular, cópula de vagina de pene con ella más. Él había dejado de hacer esto tan pronto como ellos eran wed. En cambio, él prefirió usarla oralmente o analmente, porque, él había encontrado, ella había sido dudosa para participar en tales actos. Ella los había visto como degradación y humillación. Una vez que él aprendió como ella sintió sobre estas actividades, él insistió que ella no engrane en sólo ellos, nunca teniendo el sexo ordinario con ella otra vez. Pronto después, él había añadido los insultos, jurar, y castigos corporales. Éste había comenzado con spankings que él había administrado de su mano, progresando a su uso de la pala, el cinturón, y, ahora, la caña. No sólo él se había cambiado a instrumentos que eran capaces de entregar mayores y mayores grados del dolor, pero él también había aumentado tanto número de golpes que él le administró como su severidad.

Una vez, él había sido el contenido para impartir un matiz rosado atractivo a sus nalgas. Entonces, él requirió que ellos ''eran rojos. Después, ellos deben ser purpúreos. Después de esto, él no pondría su instrumento aparte de la tortura hasta que sus mejillas de asno fueran amoratadas "y decoradas" - que era la palabra que él usó - con verdugones y contusiones. Siempre, antes, sin embargo, él le había dejado claro por qué él la castigaba. Él había querido impresionarla por la necesidad de hacer este o no hacer esto o realizar sus tareas y tareas más a fondo y con responsabilidad o ser más entusiástico sobre sorber su amartillar, tragar su semen, o disfrutar el privilegio y honor de recibir su pinchazo su asno. Siendo reprendido para lo que ella tenía o no había hecho o no había hecho a su satisfacción, ella sería zurrada, remada con pala, azotada, o caned de modo que su negligencia o incompetencia o pereza fueran impresionadas sobre ella. Ayuda de Dios ella si, después de tal lección, ella olvidó su enseñanza. Ahora, él había introducido algo nuevo - él había rechazado identificar su ofensa. ¿Cómo podría ella evitar una repetición de su transgresión si él no le dijera qué ella había hecho incorrecto?

Cuando ella asumió la posición requerida sobre el banco de castigo que Matthew había diseñado él mismo y había construido de sus propias manos, ella realizó que él le diría; él pensó sólo esperar hasta que el castigo hubiera terminado para informarla de su mala conducta, más bien que decirle de antemano, como era su costumbre habitual. Quizás, él había supuesto que el que no sabe para qué ella estaba siendo castigada la haría más preocupada que ella podría ser por otra parte. De ser así, él tenía razón, ya que ella no tenía ningún modo de calibrar su disgusto en ella, ya que ella no sabía por qué él fue enojado, y, por lo tanto, ella no sería capaz de adivinar cuantos golpes él podría darle o como con fuerza los golpes podrían ser entregados - no que ella sabría, con seguridad, aun si ella fuera consciente de por qué ella estaba siendo castigada, pero hasta la noción que ella podría calcular el número de los latigazos que ella debía recibir siempre parecía, de alguna manera, ayudarle a soportarlos.

El banco de castigo se pareció a un burro bajo, acolchado. Arrodillándose antes de que ello, como antes de un altar, ella doblara su estómago sobre el travesaño, con sus rodillas se extiende amplio. Entonces, Matthew avanzó, asegurando sus muslos en esposas de cuero acolchadas atadas a cadenas, guardar sus piernas bien extensión, el mejor para apretar la carne sobre sus nalgas elevadas. Él también aseguró sus muñecas en puños similares, de modo que ella estuviera ligada bien y su capacidad de moverse fue con severidad restringida. Mostrado en tal manera, ella se sintió tanto indefensa como humillada, como era la intención de Matthew, y, por supuesto, ella no podía evitar el impacto de la caña; ella debe recibir su golpe cortante totalmente sobre sus mejillas de asno. Matthew había pensado amordazarla, pero él había decidido no hacer así, porque él encontró sus gritos y chillidos, como sus gemidos y gemidos - y las súplicas de él parando - un sonido más agradable que una sinfonía. Él también disfrutó de la vista de su angustia, y había situado el banco de castigo antes de un espejo enorme de modo que tanto él como el Penique pudieran observarla cuando ella se estremeció y se estremeció, podría disfrutar de la reunión y el desbordamiento de sus rasgones, y ver la rotura del sudor sobre su ceja, el rechinamiento de sus dientes, y la deformación de sus rasgos encantadores con la miseria, dolor, y sufrimiento ella sintió sobre sus nalgas atormentadas.

Después de que él la había asegurado en el lugar, Matthew tiró el taburete bajo que él guardó cerca del banco. Asentándose sobre ello, él colocó una mano de extensión sobre cualquiera de las mejillas de asno del Penique, amasándolos como si ellos eran la masa. Sus dedos hicieron mellas profundas en sus nalgas cuando él atesoró los globos lisos, firmes suaves. Él sonrió cuando él imaginó la carne lisa, cremosa sobre su fondo rayada con señales de la caña de bambú delgada él había venido para preferir sobre su mano, una pala, o un cinturón. Él siguió magreando y admirar los montículos lisos que ocultaron el ano que, invariablemente, él usó para relaciones sexuales con ella, en lugar de su coño, tan mucho negar su feminidad para mortificarla. Un remilgado, el Penique todavía temblaba siempre que él la tomara analmente u oralmente, creer, profundamente en su corazón, que su uso de ella en tal manera era de alguna manera pecador y vergonzoso, a pesar de los numerosos tiempos que él había usado en uno o el otro - o, con frecuencia, en ambos - de estas maneras.

Quizás envalentonado por su toque, Penny suplicó otra vez, su temblor de voz, ser informado de su queja contra ella. ¿Por qué, ella preguntó, debía ella ser caned? Su pregunta trajo una respuesta inmediata de Matthew. Él golpeó su asno con fuerza.

¡"Ouch!" ella gritó.

¡"Cómo desafío usted pregunta mí, hembra!" él tronó.

"Perdón," ella gimió.

Matthew se rió de la rendición en sus palabras y en el espíritu roto detrás del tono de voz de la cual ella los había pronunciado. Él dio su otro golpe agudo, y ella embistió como lejos avanzado cuando ella era capaz de hacer en las restricciones que la ligaron.

"Sólo pensé esto, si yo supiera-"

Él le dio un tercer golpe. Su ánima de asno la letra rosada de su mano en su liso, carne por otra parte blanca. ¡"Silencio, guarra!" Matthew la mandó. "Usted hablará sólo cuando usted es dicho a."

"Sí, señor."

"No estoy bajo ninguna obligación para defenderle mis acciones o explicar mi comportamiento, independientemente de puede ser."

"Sí, señor."

Satisfecho por su respuesta, él reanudó el que acaricia de sus nalgas, disfrutando de su sensación lisa y el flotabilidad de los músculos esponjosos bajo la piel lisa, que, bastante pronto, aguantaría las señales de su superioridad y su dominación y los signos correspondientes de su inferioridad y su conformidad. El pensamiento en los verdugones y contusiones y laceraciones por las cuales él embellecería su asno le dio un grueso, mucho tiempo, erección difícil que su caning de su fondo mantendría e intensificaría. Dando a la nalga izquierda del Penique un pellizco firme que hizo su retorcimiento, Matthew se elevó, puso el taburete aparte, y tomó la caña de bambú flexible en la mano.

El penique era consciente que el momento estaba a mano, y ella cerró sus ojos fuertemente, justo cuando sus rasgones comenzaran a fluir abajo sus mejillas. Ella gritted sus dientes, y esperado para el primer latigazo mordaz para encender sobre sus nalgas. Su latido de corazón rápido, su carrera de automóviles de pulso, y ella aspiró pantalones rápidos, cortos. Sus manos eran balled en puños, y su cuerpo era el tiempo. Ella guardó sus nalgas relajadas, sin embargo, por la fuerza de la voluntad, habiendo aprendido, hace mucho, lo que apretarlos en previsión del golpe para venir debía invitar el dolor mayor y más largo durable.

Ella siguió preguntando lo que ella había hecho o había no hecho o había hecho no satisfactoriamente. Ella quiso saber, desesperadamente, que pecado ella había cometido o que deber ella había dejado de llevar a cabo o completar satisfactoriamente de modo que ella pudiera asegurarse que ella nunca falló a Matthew en la misma manera en el futuro. Sólo evitando la mala conducta podría ella evitar la caña, y ella haría casi algo para evitar el instrumento cruel. La salida de Matthew ella ignorante de su ofensa la aturdió y la hizo más preocupada que su anticipación y miedo de la caña sí mismo siempre la hacían. Rechazando informarla de la naturaleza de su maldad, él había intensificado su sufrimiento hasta antes del redoble actual comenzado. Ella quiso saber por qué ella debía ser caned, pero ella sabía mejor que preguntar otra vez. Ella debe soportar su castigo y esperar hasta que Matthew estuviera listo a aclararla en cuanto a la razón del caning que él le había dado.

Cuando ella pensó estos pensamientos miserables, ella oyó el sonido de whooshing temido, revelador de la caña como ello de conexión directa el aire; un momento después, el impacto del bambú arrugado la carne de sus nalgas y enviado una agonía intensa por sus lomos. Ella chilló, tirando contra los puños que ligaron sus muñecas y muslos, y Matthew fue recompensado por la vista de la angustia desnuda en su cara encantadora en el espejo que estuvo de pie antes del banco de castigo. Sus ojos eran amplios. Su boca bostezó. Los rasgones hicieron rodar abajo su cara. El dolor era evidente en ella cada rasgo.

Matthew sonrió cuando él levantó la caña otra vez, pensando que las ordalías del Penique acababan de comenzar. Él entregó más seis latigazos, con fuerza y rápido, y una serie de líneas paralelas apareció en sus mejillas de asno, un debajo del siguiente. El penique dio tumbos en sus restricciones sobre el recibo de cada uno de estos golpes viciosos, chillando y llorando como su cara una y otra vez torcida de la agonía encendida que se quemó dentro de sus nalgas laceradas y sangrientas. Sus rasgones corrieron constantemente, cuando ella sollozó. Sin embargo, ella no dio ninguna voz a su sufrimiento, y ella no pidió la piedad de Matthew, porque ella sabía que él era despiadado y que pedir para compasión o bondad de él sólo despertaría su ira adelante y causaría un castigo más severo y prolongado. Él podría perdonar sus chillidos y sollozos y gemidos; él no perdonaría ninguna súplica verbal de la indulgencia.

Penny esperó el siguiente latigazo - o la serie de latigazos - para caerse sobre sus nalgas respingonas. Ninguno vino. De todos modos, ella esperó, tiempo y expectante, seguro que el caning no estaba completo y seguro que Matthew golpearía su al menos otra docena de tiempos. Sin embargo, no adelante la lluvia de golpes se cayó. Ella no podía verlo en el espejo, pero esto no significó que él había dejado el cuarto. Él puede haber andado simplemente lejos del área de la cámara que fue reflejada en el espejo demasiado grande. ¿Podría ser, ella se preguntó, que Matthew hubiera gastado su cólera en una azotaina tan breve? ¿Pareció dudoso, pero era impensable? Ella siguió esperando. El cuarto era tranquilo. ¿La había abandonado Matthew aquí, había cubierto sobre el banco de castigo, soportar la secuela de su caning? Ya, las mordaces de sus nalgas laceradas se hacían una sensación más generalizada del dolor que se convertiría pronto en un sentimiento que era el calor de parte y el dolor de parte, cada sensación que agrava el otro y hace a ambos más desagradables que cualquiera sería por sí mismo. ¡Tal vez Matthew quiso que ella experimentara este tormento durante un tiempo más largo que de costumbre - o tal vez él pensó reanudar su caning después de que ella había tenido el tiempo para apreciar totalmente los efectos del redoble preliminar!

Cuarto de una hora más tarde, el Penique acababa de comenzar a esperar que Matthew hubiera expresado su rabia más pronto que ella había esperado y la había abandonado puesto grilletes al banco de castigo en la posición torpe e incómoda de extender sus rodillas amplias aparte, con sus nalgas elevadas y su cintura se inclinó travesaño del banco, sus muñecas y muslos esposados, considerar su último castigo cuando ella sintió las heridas mordaces él había infligido sobre su fondo, y compadecer de ella sobre su situación grave, cuando Matthew anunció su presencia continuada o su vuelta a la cámara regando sus nalgas indefensas, desnudas con una lluvia difícil de una docena de golpes más rápidos y furiosos de la caña. Las reacciones del penique eran instantáneas: ella gritó, aulló, y gritó; ella dio tumbos y tiró en sus restricciones; su cara se enroscó en una mueca expresiva de la angustia que ella sintió en sus nalgas encendidas, mordaces; los rasgones lavaron su cara; y ella fue reducida, por fin, a gemir, sollozos, mewling desgraciado, que suplica para su castigo para terminarse.

Matthew sonrió abiertamente cuando él azotó su sangría, asno rojo y purpúreo con la caña de bambú, recorte de nuevas señales en la carne dolorida y sensible y cruce de líneas anteriores con rayas frescas. La caña gimió cuando esto cortó el aire - y la carne de las mejillas de asno lisas del Penique. Ella chilló en la angustia, murmurando súplicas de un cese de su castigo. Los golpes más que acuchillan de la caña chocaron contra su fondo, furrowing sus nalgas y rayarlos con la sangre de nuevas laceraciones. Él la golpeó con la caña hasta que su asno fuera un lío sangriento, cubierto en sangre y contusiones y embelleciera por verdugones y cantos aumentados de la carne roja y purpúrea, y su brazo fue agotado. El penique chilló y lloró y pidió para la piedad.

Finalmente, Matthew pone la caña aparte. Él limpió la sangre del asno del Penique con una toalla suave, rizada. Entonces, él aplicó un antiséptico que se quemó, enflaming el dolor que sus golpes de la caña la habían causado, y suavemente acariciaron su fondo, anunciación, "Su asno es purpúreo, negro, y azul, y entrecruzado con verdugones y laceraciones. Supongo que usted ha aprendido su lección."

Ahora, el Penique pensó, por fin, él le diría lo que ella había hecho o no había hecho o no había hecho bastante bien para complacerlo, y ella sería capaz de ajustar su comportamiento en consecuencia, asegurarse que ella fue nunca caned salvajemente otra vez para la misma infracción. Su capacidad de enmendar su comportamiento era el único modo que ella tenía de evitar la caña; esto era su única defensa contra un redoble; esto era sus únicos medios de controlar su spankings de cualquier modo. Ahora que ella había sido caned, Matthew, ella sabía, permitiría que ella preguntara, y ella hizo así, rápidamente. ¿"Qué hice para merecer tal castigo?" ella pidió para saber.

Matthew se rió. "Nada", él contestó. "Nada en absoluto."

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